¿Son mis hijas unas piratas? Carta de un padre afligido


PiratasEstimado amigo Rodolfo,hace mucho tiempo que no te escribo y te ruego me disculpes por esta misiva excesivamente larga que te envío.
Me alegra mucho ver un mensaje tuyo en mi correo, siempre me pasa lo mismo, lo dejo para responderte luego con mayor tranquilidad y acaba perdido en la pila. Aún así te leo en comentarios en los blogs, vuestras publicaciones y también en tu blog. Desde que te conocí me has parecido un tipo muy reflexivo y meticuloso, sobre todo en cómo sabes llevar los negocios en un entorno tan desfavorable y tormentoso como es Internet en España.Pero hoy leí tu apunte ¿Pirata, yo? de ninguna manera y veo que además tienes muy claro cómo educar a tus hijas, claridad que yo carezco completamente.Me has perturbado con tus argumentos tan claros y contundentes, qué suerte que tienes y qué suerte que te conozco para así pedirte que me ayudes en mi afligida situación.No sé si recuerdas, yo también tengo dos hijas, Sofía de seis años e Irene de diez. Ambas, como tus hijas, son usuarias de Internet, aunque por supuesto seguro que no tan avanzadas como las tuyas (que si no recuerdo mal eran mayores). Esto de Internet ya me ha traído una serie de complicaciones pero nunca lo había pensado de la forma que tú lo has hecho.Sabes que hay gente que piensa que yo soy talibán del software libre, quizás tengan un poco de razón, porque mis hijas tienen un ordenador con GNU/Linux (Ubuntu, con escritorio Gnome para mayor desgracia) y no hay ningún Windows en casa. Mis pobres hijas han tenido que abandonar sus Pipos y demás juegos –tenemos más de veinte CDs, todos pagados a buen precio–. Con el tiempo se habían olvidado, pero ahora vuelven a reclamarme que quieren tener el mismo messenger que sus amigas, con todos esos iconos y letras tan coloridas y animadas. También me reclaman continuamente porqué no pueden jugar con Los Sims u otros juegos que tienen todos sus amigos. Me ha costado explicarles pero poco a poco lo van entendiendo. Aunque no sabes las preocupaciones y dilemas que me crean cuando me preguntan porqué sí pueden tener juegos en sus Nintendo DS –tenemos dos en casa– y no en el ordenador, me preguntan ¿cuál es la diferencia entre la consola y el ordenador?.Sí, una gran contradicción, pero ¿cómo les explico que como padre ya no podía tolerar también prohibirles jugar a las consolas? Es muy difícil.El problema que tenemos los padres es que los hijos no vienen con manual de usuario, tampoco podemos ir a Amazon y comprar Nursing Children in a Nutshell de O’Reilly. Entenderás que para un ingeniero –además informático– como yo es un enorme problema, estoy perdido en un mundo que escapa a mi comprensión. ¿Serán privativos los hijos? ¿dónde se puede firmar un contrato de mantenimiento?

Bromas aparte, creo que me entiendes, sólo podemos apañarnos con los que nos enseñaron nuestros padres y nuestras propias experiencias. Pero el mundo cambia muy rápido, más que el propio núcleo Linux. Si yo criara a mis hijas como me han criado mis padres quizás ya estaría bajo el cuidado de la asistencia social. Pero reconozco que no todo es culpa de nuestros padres. Si Irene hiciese lo mismo que yo a su edad quizás ya estaría en el penal de menores. El mundo cambia muy rápido y los padres los padecemos primero.

Bueno, no te voy a agobiar con historias tan larga, iré al grano.

Como mis hijas son usuarios de software libre nunca he tenido problemas de licencias ni de copias no autorizadas, así que nunca me planteé en serio el problema de que tengamos algunas canciones o vídeos copiados sin autorización. Para mí era algo que “sucede”, parte de este nuevo mundo.

Pero tu apunte me ha hecho reflexionar, y me ha sumido en una gran aflicción, así que te escribo para pedirte que me aconsejes y sepas llevar alivio a las contradicciones e incertidumbres que me atormentan en este momento tan especial.

Te explico porqué es especial. Hasta ahora me parecía que el modo de educar a mis hijas era de lo más normal y razonable, mis amigos hacen más o menos lo mismo. Pero últimamente me estoy dando cuenta que no todo es así, y tu apunte fue el detonante, me parece que viví encerrado en un entorno que quizás no es el más adecuado para mis hijas.

Debería darte unos pocos detalles relevantes al tema sobre lo que yo pensaba era casi la única forma racional y adecuada.

Tú sabes que yo no tendría mayores problemas en pagar seguro médico privado para mi familia, sin embargo ambas han nacido en el hospital de la Seguridad Social (Son Dureta) y siguen –seguimos– siendo atendidos exclusivamente por la SS. Yo estaba convencido que era una buena decisión, porque más allá de teorías económicas –algunas de las cuales demuestran que la salud en países con SS universal está mejor atendida que en países que no la tienen como EEUU– sé que las teorías económicas sólo son modelos del comportamiento humano. Por la tanto variando nuestros comportamientos obligaremos a que se encuentren modelos distintos (quizás esto tenga mucho que ver con que soy una persona muy racional y escéptica, pero sobre todo que sé un poco cómo funcionan las teorías y modelos). Así que no le he dado muchas vueltas a las teorías económicas modernas, prefería poner mis dos centavos para lograr que las cambien, como supongo hace mucha gente, y así lograr que la salud no sea una cuestión de prestigio, ni de capacidades, ni de meritocracias –que sí considero fundamentales en otros aspectos de la vida– sino que sea igual para todos.

No sé si sabes que mis hijas también van a un colegio público, aunque tampoco me costaría demasiado esfuerzo pagarles uno privado. Mi lógica interna es la misma que la anterior, pero en este caso hay quizás más de sentimentalismo irracional, o quizás sea porque he leído un poco la historia. No lo sé, el hecho es que considero a la educación pública como un gran acto de solidaridad social y que aunque no tiene la misma importancia que la salud considero que también debe estar al alcance de todos.

Además estoy muy contento con el sistema educativo público que nos ha tocado. No sé si es general o cuestión de la escuela de mis hijas (Costa i Llobera), pero me agrada mucho. Les enseñan las cosas que yo consideraba importantes: ser solidarios, tolerantes, estimar al idioma local –el catalán–, compartir bancos meriendas y fiestas con los chicos inmigrantes, participar en la escuela, ser respetuosos con la diversidad y el medio ambiente. En resumen, les enseñan todo aquello que yo consideraba eran valores ciudadanos fundamentales.

Sabrás que yo soy muy cabezota, a veces tocapelotas –provocador me dicen– y a mis hijas les intento transmitir el mismo mensaje. Que sean escépticas, muy racionales y provocadoras aunque muy respetuosas de las personas. Les enseño que hay que ser estrictamente honestas y decir lo que se piensa, aunque a veces no sea lo más diplomático.

Sobre todo les intento transmitir que es muy importante tener ideas provocadores y divulgarlas, incluso cuando se habla de la “ley”. A veces les explico que la ley está hecha por hombres y por lo tanto sujetas a errores que hacen que éstas no puedan ser tomadas como fuente de la ética, sino que es la ley la que debe adaptarse a la moral y ética de sus ciudadanos.

Con esos principios estaba yo muy satisfecho hasta que leí tu reflexión. ¿Estoy educando bien a mis hijas al no enseñarles que no se pueden copiar ni bajar música o películas de Internet?

A ver, no te preocupes demasiado. Nunca bajan música o pelis, en todo caso algunas veces lo hago yo –dando un terrible ejemplo seguramente–, pero sí que es muy habitual en casa que si una amiga les pide por una copia del CD o DVD que tienen yo se los hacía sin pensarlo dos veces. Es más, me sentía muy buen padre viendo la felicidad de los niños cuando se iban con su CD que sólo me costaba un par de minutos de trabajo.

Ahora me siento el peor padre del mundo.

Resulta que me has hecho abrir los ojos que hacer eso es como ir con exceso de velocidad por la autopista. Te prometo por mis hijas que nunca me imaginé el daño que causaba ese simple acto de copiar para sentirnos satisfechos mis hijas y yo de haber dado a un niño eso que les gustaba.

Es terrible.

Así que esta misma tarde tomé la decisión de que debía cambiar radicalmente si pretendía que mis hijas no fuesen unas delincuentes o malas personas. Pero no es fácil Rodolfo, por eso te ruego encarecidamente que me ayudes, me pasé toda la tarde como zombie por el Decathlon y Leroy Merlin cuando salí de compras con la familia. ¡Pero si lo que estaba haciendo era peor a salir robando de esas tiendas! ¡Qué desastre!.

Debo ir acortando mi carta, te resumo. Mis hijas todavía tienen esa mala costumbre que yo mismo les transmití de preguntar todo y pedir una explicación lógica. Así que estoy pensando cómo explicarles ahora que ya no podremos copiar más música ni vídeo. Te imaginarás que las cosas cambiarán muchas, de las sonrisas de antes pasaremos a caras tristes y quizás enfados de sus amigos. Es por ello que tengo que montar una estructura lógica coherente.

Por un lado debo educarles que “es ilegal copiar”, pero claro, el primer problema. ¿Cómo les explico ahora que la ley sí es fuente y autoridad de la ética?

Entonces pensé que debería mejor explicarles que la copia causa daños a otros, que es igual que ir a velocidad excesiva por la autopista. Pero ya veo el problema, son escépticas y me preguntarán si la copia también puede causar muertes a personas completamente inocentes.

Sin ayuda no podría salir de esa encrucijada, así que pensé explicarles que hay que ser solidarios con los artistas. Pero ya me imagino las incómodas preguntas ¿significa eso que debemos dejar de ser solidarios con nuestros amigos? Uff… qué problema. Cría escépticos y te comerán el coco.

Se me ocurrió que quizás debería explicarles mejor que la cultura necesita de artistas y que estos deben poder vivir de su trabajo y por lo tanto por pura lógica deberíamos pagar toda la música. Pero inmediatamente se me ocurrieron las complicaciones, ¿y si me preguntan que si copiamos una canción de Shakira –les gusta mucho a las dos– le dejaremos sin poder comer ella o su familia? ¿y si Sofía me pregunta triste si los que hacen Winnie the Pooh –no sabe todavía lo que es Disney Corp.– morirían si no les pagamos? ¿y si me pregunta si el dinero que hemos gastado en todos sus peluches de Pooh no sirven para que se compren ropa y comida?

Tiemblo ante la posibilidad de enfrentarme a esas situaciones que no sabría responder, además me imagino la tristeza que tendrán cuando su padre –aquel que tiene las palabras adecuadas siempre– no sepa responder a preguntas tan simples como obvias.

Pensé que quizás sería mejor llevarlo a un plano menos personal, más global y hasta histórico. Pero claro, es muy difícil y ni yo mismo puedo resolver mis dudas internas aunque lo intento duramente.

¿Cómo les enseño que debemos pagar siempre a una empresa que copió historias y personajes de otros autores sin que les haya pagado a sus herederos ni una ínfima porción de las fortunas que ganaron? ¿Cómo les explico que en ese momento había un país que no reconocía las leyes europeas y que por lo tanto lo que hacían era legal?

¿Cómo les explico que Hollywood está donde está porque los primeros cineastas se instalaron en la lejana costa oeste para no pagar las patentes de Edison? ¿cómo les hago entender que a pesar de ello Edison no murió pobre ni le faltó nunca el dinero? ¿cómo les explico que eso no era robar pero copiar una peli para un amigo sí lo es?

¿Cómo puedo explicar a mis niñas que en si se seguimos haciendo lo mismo pasará como en otros países que les quitan a los niños todos los ahorros que tenían para la universidad? Nunca me perdonarían que por primera vez les asuste con estas historias cuando nunca en su vida escucharon hablar del hombre de la bolsa, del cuco ni de los señores que roban niños en las casas. Es el problema de haberlas educadas en un mundo demasiado inocente, quizás debería haber hecho caso a Les Luthiers y ahora comprenderían mejor el problema sin que les entre el susto en el cuerpo.

Pero es que aún así no entenderían que unos artistas tan majos se dediquen a denunciar a otros niños o a sus padres. Este concepto es todavía demasiado complejo para las niñas

Quizás el truco para quitarme algunos problemas de encima sería ponerles algunos vídeos de Ramoncín o de algunos ministros diciendo que son unos delincuentes. Pero no sé, me parece una acusación muy fuerte para los niños. ¿Te imaginas además que piensen que su padre es un delincuente?

Quizás la solución sería hacerles leer el mensaje y el cortometraje que ponen en el cine antes de la película. Quizás no sea mala solución, pero ¿qué hago si me dicen “Papá… pero si siempre nos has dicho que la ley no es fuente de ética y que podría estar equivocada?”

Puf… vaya meollo en el que estoy metido. Nunca habría pensado que enseñarles a ser solidarias, buenas amigas, estar siempre del lado del más débil, racionales y poner en duda todo lo que le dicen me traería estos problemas.

De aquellas tormentas –de incauto joven– estos lodos.

En fin Rodolfo, espero que te hayas dado cuenta de mi problema y que me puedas echar una mano. Quizás si me cuentas más detalles de cómo explicar que es lo mismo que ir con exceso de velocidad puedan comprender mejor. Yo no podría ni superar la primera pregunta.

Pero tengo una duda. Tu hijas dicen no te hacen caso, ¿es verdad? ¿qué te dicen? ¿cómo puedes sobrellevar que tus hijas no sigan los principios que tu consideras adecuados? ¿son malas personas?

A pesar de eso estoy seguro que con el tiempo y tu calidad como persona podrás inculcarles los buenos valores. Por ello se me ocurrió una idea fenomenal y que sería de gran ayuda: intentemos que nuestras hijas se hagan amigas, así podrán poco a poco remediar la mala educación que les he dado.

Sólo te pediría un favor, por favor que escondan todos sus películas y músicas por un tiempo razonable. Es para evitar que ocurra una catástrofe en pleno proceso re-educativo: que mis hijas le pidan una copia.

Podría pasar que tus hijas se las den, lo que echaría por tierra todo el trabajo.

También podría ocurrir que no se las diesen y que mis hijas queden muy tristes de desilusión con sus nuevas amigas –todavía arrastrarían el obsoleto concepto de solidaridad– y además me culpen a mí de todos sus pesares.

Es terrible lo mires por donde lo mires, así que por favor, que hablen de cualquier cosa menos de películas o música. Sí, es muy difícil, pero es la única salida que veo en el corto plazo, supongo que en un par de años podrían recuperar el gusto por ambas.

Ah… ahora que me doy cuenta, que tampoco les muestren sus libros, porque sino ¿cómo explicaríamos que compartir libros está bien pero lo otro está mal? Es mejor no ponernos en estos dilemas, además estoy seguro que la ley saldrá en nuestra ayuda y también hará que se ilegal prestar libros. Aunque no lo parezca, todavía tengo fe en el saber hacer e inteligencia de nuestros políticos.

Bueno Rodolfo, empiezo a despedirme rogándote encarecidamente accedas a mis difíciles peticiones y dándote las gracias por adelantado.

Un abrazo de un amigo y afligido padre.

Ricardo Galli

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Un comentario sobre “¿Son mis hijas unas piratas? Carta de un padre afligido

  1. Simplemente genial. Es una de las argumentaciones mas deliciosas que he oido en mucho tiempo. Como “taliban” del SL con crias en casa, firmaria ahora mismo una carta identica … y, supongo, que, “afligido” de igual manera, tomaria las mismas decisiones. De hecho, es lo que llevo haciendo desde hace tiempo. Muchas felicidades a tus chicas por tener el padre que tienen, es un lujo que la elegancia tecnica vaya aparejada a tanto sentido comun.

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