nadie debe morir solo


—¿Qué es para ti la soledad?pulp_fiction
—Uy, curuju. Nos pusimos filosóficos. La canción.
—Contéstame, pues.
—Pucha, compadre, no sé. Lo que pasa es que yo he estado solo siempre. Es mi estado habitual. No veo por qué haya que hacerla tan trágica, tampoco.
—Ya, ya, ya. Hazte el bacán ahora. Te apuesto que tú matarías porque esta casa no fuera así de tristona y silenciosa.
—Lo que pasa es que cuando necesitas compañía, sales y la buscas y ya está. Pero cuando vives con alguien y necesitas estar solo, ¿qué haces? No puedes botar a la otra persona a la calle, ¿no?
-Sigues sin responder mi pregunta, pendejo.
—Estar solo, de alguna manera, es ser libre. Haces lo que te da la gana. No dependes de nadie. Nadie depende de ti.
—Oh, sí, sí, seguro. Esa no te la crees ni tú.

—Es que uno puede quedarse solo por muchos motivos, pues. Uno puede abandonar o ser abandonado.
—¿Y cuál es tu caso?
—El mismo que el tuyo, supongo.
—O sea…
—O sea, abandonaditos, pobechitos…
—Sal de acá. Cuando el otro se va, casi siempre es por tu culpa.
—¿No será, más bien, que cuando ya no les sirves, te desechan?
—¡Mira quién habla! ¿Acaso no eres un experto en enamorar a la gente para luego ahuyentarla?, ¡la historia de tu vida, causita!
—Cuando invito amigos a mi casa, por ejemplo, lo más probable es que, después de un rato, ya esté rogando que se larguen.
—Avísame al toque cuando eso pase, ah.
—Dalo por hecho, pero aguanta, ¿a qué viene todo este floro, a ver? ¿Te ha asaltado, de pronto, el miedo a quedarte solo para toda tu vida?
—¿A quién no?
—A mí no.
—Mentira. ¿Me vas a decir que quieres pasarte el resto de tus días durmiendo en una cama vacía…?
—Alquilando cinco películas para verlas todas solo.
—Yendo al supermercado a comprar comida que se te va a malograr porque no habrá quién se la coma.
—Alimentándote exclusivamente de huevo frito.
—¡Y de atún! ¡Muy importante el atún!
—Las torrejitas, claro, todo un clásico.
—¿Y el tuco tallarín?, ¿dónde me lo dejas?
—Ah, claro. Y con atún también.
—Ja, ja, ja. Hasta el culo, pues.
—¿Te parece?
—Si esa es la vida mediocre que me espera, la verdad es que yo paso.
—Nunca lo había pensado así: ¿ser solitario es mediocridad?
—Peor que eso, huevón. Quedarse solo es el peor de los fracasos.
—De soledad nadie se ha muerto, que yo sepa.
—¿Y si yo te dijera que me recago de miedo de eso?
—¿De morirte de soledad?
—De morirme solo, conchesumadre.

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