¡Viva la apatía!


Espero que tu generacion pueda,
algun dia, avergonzarse de la nuestra.
Lucho Hernandez

Nacimos con el general Velasco que, en las tandas comeciales del Tio Jhonny o de Sombrita, nos enseñaba a ser niños peruanos ala prepo, repitiendo -en blanco y negro- tahua canal Limamanta pacha hasta el hartazgo. Tupac Amaru habia arrebatado a Batman el primer lugar en nuestro ranking de superhéroes favoritos, en el que competian de igual a igual, Cachito Ramirez y Ultra Seven pues, para ambos habia lugar en esas galerias de honor que eran los albunes de figuritas Navarrete. Las Propinas, gigantescas monedas de a sol con las que facilmente se podia jugar una partida de sapo, alcanzaban con holgura para procurarse aquel extraordinario pasatiempo de la era pre-nintendo: la lectura, pues leiamos en cantidades de chistes mexicanos que,de hecho,moldearon nuestras candorosas sensibilidades apunta de sadicas Periquitas, Wonder Women calientahuevos o Hermelindas lindas exquisitamente repulsivas.

Como papá no tenia haciendas que el Chino le pudiera expropiar para obsequiarle a la indiada, llevabamos la fiesta, relativamente, en paz. Ylo unico que nos daba miedo eran los terremotos, la posibilidad de no clasificar para Argentina 78 y los grumos marrones de la aterradora sopa de harina de arvejas. Lo que para todos fueron los Beatles, para nosotros fueron los Bee Gees. Lo que para oitros, Elvis Presley, para nosotros Jhon Travolta. Es triste pero es asi. Que tire la primera piedra quien no vio Grease (Brillantina), por lo menos, cinco veces. Que la tire el que no le dedicó sus primeras pulociones nocturnas a la insipida Olivia Newton-John o el que no apaudio en el cine, vacilado, cuando cantando “Tell me more, tell me more….”, Danny Zucko, el personaje principal, hacia el ademan de cepillarse Sandy en el elegante estilo paraguayo, ademan que remedábamos, entusiastas, en esos dias en que no existía pornografía mas dura que la calata de Amenidades de Caretas.

Mis primeros bellos púbicos asomaron con Belaunde. Es tal vez por eso que los conceptos de democracia y masturbación resultan íntimamente relacionados. El Che Guevara, para mi, no era otra cosa que una calcomania descascarada sobre la guitarra de una prima hippilona que cantaba “Alabaré, alabaré a mi señor”. La Ilusion de ingresar a la universidad a la primera, la ilusion del cachimbato pronto se hace añicos ante una mediocridad endemica, que se le impregna a uno en la ropa, como un mal olor. Profesores a los que uno no puede mirar con detenimiento si npreguntarse con panico: ¿Y en esto voy a convertirme cuando acabe mi carrera? Como ocurre con el primer polvo, la universidad enseña, pero no gran cosa. Acaso te salva de estar en absolutamente nada, mas no de la indispensable humillacion que significaran los papelones venideros. Como el de ser practicante por ejemplo. Vale decir, aspirante a explotado. Aunque la verdad es que aprendes mas que en la universidad y,por lo menos no te cobran. Y puedes contarle a todo el mundo que trabajas para nuestra empresa, muchacho.

Creimos en Dios con ocasion de cada examen final de cursos por tricay bebimoscomo chinos en quiebra, fumamos como vikingos cada viernes chico, cada viernes, cada sábado chico. Nos pasábamos varias noches en blanco estudiando cosas hermosas en inutiles llamadas Motivacion o Semiotica. Nos Esmeramos en propiciar los mas intrincados triangulos pasionales en una collera compuesta por cuatro gatos. Nos enfrascamos en torpísimas orgías en las que, a la mañana siguiente, todos terminábamos mirándonos con cara de “largo de mi cama, tú, como quiera que te llames”.

Y por si todo esto fuera poco: Alan García. Y el Perú era -estábamos seguros, ahora sí-más grande que toditos sus problemas. Si hasta fuimos al hipódromo y apostamos por el Papa que también era charapa. Y mientras perdíamos lastimosamente el tiempo en soñar, alguien nos choreaba el futuro del bolsillo del lompa, un futuro que -mira a la hora que le aprendíamos- era solo de los pendejos, de los grandes, legendarios, épicos pendejos. Los años duros, sin embargo, apenas estaban comenzado. Los años duros que, entre otras osas, nos convirtieron en zombies vendedores de frunas del Centro Victoria -que ayuda al adicto, ¿y usted?-. Los años duros que con sus ondas expansivas, nos hicieron volar en mil pedazos o nos vistieron a rayas, Maritcita, para toda nuestra hermosa vida. Los años duros que nos condenaron a ser cobradores de combi, guachimanes o vendedores de pan con pollo capaces de matar con tal de acariciar el sueño de las Reebok propias. Que nos dejaron las marcas de una crónica tristeza en los antebrazos o en el macerado corazón. Que nos confinaron a la antepenúltima mesa del “Tockyn” o del “Nautilus” a intercambiar con nuestros mayores, frustraciones que, mala pata, suelen ser siempre las mismas.

Que le dieron la residencia americana o española al único ser humano del planeta que tenía que haberse quedado en el Perú. Que nos transformaron en tablistas bronceados e imbéciles que aplauden cuando se ríen de cosas que no dan risa. Que nos obligaron a ser lamentables yuppies de ONG con caras de eunucos carretones o intelectuales ventrudos que dominan el arte de eructar con discreción en embajadas y tiemblan al escuchar la palabra beca. O en cualquier otra clase de travesti a prueba de serenazgos. Los años duros que dilapidaron toda nuestra capacidad de temor y de asombro, que convirtieron nuestros mejores sueños en polvo y nuestros mejores polvos en sueños.

Y para terminar, mis queridos feligreses, elevemos al cielo la oración que el viejo E.E. Cummings nos enseñó: “Si no puedes comer debes fumar. Y no tenemos nada qué fumar. Vamos, muchacho, vamos a dormir. Si no puedes fumar debes cantar. Y no tenemos nada qué cantar. Vamos, muchacho, vamos a dormir. Si no puedes cantar, debes morir. Y no tenemos nada qué morir. Vamos, muchacho, vamos a dormir. Si no puedes morir, debes soñar. Y no tenemos nada qué soñar. Vamos, muchacho, vamos a dormir”.

Trátase de un nuevo estilo en esperanza: despiértenme cuando pase el temblor.

Revista Debate Setiembre – Octubre de 1993

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