cusco pone


creo en la gente
decente
decencia es por ejemplo
una vez que escogiste
por las cuatro de la tarde
en el davory
un helado de chirimoya
y otro de cherry

Luis Hernandez

Señaló una película

-Viste ésta
-No
-Está en algo
-¿Ah sí? Bueno, contabas
-¿En qué íbamos?
-Tu noche de copas, tu noche loca o, mejor dicho, tu noche de locas.
-Jaja huevón
-Dieron las 12 y terminaste tu cerveza apurado, como si un picor maligno agilizara tus movimientos. Luego, después de mirar tu cel y, cual Cenicienta, echaste patitas hacia la afantasmada noche cusqueña
-Huachafo de mierda.

Miró el suelo como tratando de recordar algo.

-Los dejé. Me estaba esperando en el 7 angelitos. La cagada la gorda. Estaba con sus mejores gestos de Truman Capote, mojito en mano y el dedo meñique señalando a los gringos más bonitos del bar.
-¿Qué, ahora le gustan gringos?
-El hecho es que media hora después yo estaba igual de mamado.
-Mamado y seguro subastando tu virtú
-Calla huevón. Bueno, la gorda, fiel a su mala fama, trataba de levantarse algo. En eso se me acerca la “Pantera Rosa”.
-¿Ese no es el Justin Timberlake de la literatura del sur?
-Bien rico está el chibolo.
-Convengamos que sí
-Se me acerca y me pide que se lo presente
-¿Qué? No digas que te dijo porfis porfis, quiero conocerlo
-En realidad ya se conocían. Yo le dije: mira chibolo, yo no soy su secretaria, si quieres decirle algo acércate y nos tomamos unos tragos.

Le hizo un gesto como de: mejor vamos por este lado

-Entonces se saludaron. La clásica, que yo también escribo, y que mi mundo esto, y que cuidado con esa mano que lo nuestro es solamente literario y que si leíste tal cosa. La gorda se cagaba de risa.

Preguntó el precio de unas sandalias, las escrutó y las devolvió con un: «me doy una vueltita».

-Ya borrachos los tres nos fuimos a un bar cerca de las gradas de Alabado.
-Ese no es de…
-No, no. Es de una loca conocida. Como sabrás, andar con la gorda es para que el mundo sea una felación perpetua, una felación de pensamiento, palabra, obra y omisión. Te la chupan los mozos, los barman, los dueños y todos los parroquianos salvo los que tienen pasaporte extranjero.
– O sea, ¿harto mamani?
-Harto. El dueño nos sirvió personalmente. Parecíamos un grupo de cortesanas que perdieron el fustán. Ahí la Pantera Rosa se me deschaba y me dice que siempre me ha visto y siempre me ha tenido ley. Cosas que nunca se le deben decir a una persona como yo.
-Entreguista el niño
-A mil. Lo creí más interesante. Y, como si fuera una hazaña, o como si a alguien le interesara saber, se le dio por proclamar su bisexualidad.
-Ya. Todo un social demócrata del sexo. Interesante.
-Mira hermanito, después que la tengas dentro hablamos, le dije.
-Es la edad, los chibolos están locos por pertenecer a algo. Te apuesto que si creas un grupo tipo los “infrarealistas” por Facebook, tendrías ejércitos de mocosos de militancia convencida.
-Ya debe haber. Y, hablando de eso y para cerrar la noche se apareció Marianita.
-La hermanita de….
-Sí. Marianita del Águila Flórez Galimberti, heredera del ducado de Pisaq, Baronesa de Teqte y…
-Culazo el de la mocosa.
-No tanto, ya está medio descuidado. Clásica chica cusqueña que se hace la que sabe comer y a lo único que le entran es a la salchipapa y después a estar tiradas hechas unas vacas sagradas viendo Friends.
-El caso es que ella no salió igual de aristocrática que la hermana, ella es más… cómo decirlo
-¿Vulgar?
-Ya. Aunque debe haber mejores palabras para describirla.

Salen y se detienen a mirar la turbulencia marrón de un rio inmundo

-El hecho es que la veo y me hago el loco. De reojo me doy cuenta que no para de hacer llamadas y de enviar mensajes de texto.
-Ya me imagino, tu nombre y el nombre de la gorda como para confirmar a justos y extraños tus malhadados gustos
-El hecho es que le digo a la gorda: vamos a hacer un experimento social. Volteo y se me acerca como si fuéramos amigos de toda la vida, como si nos quisiéramos. Obviamente aproveché la ocasión para cogerle el culo como se debe.
-¿Y se la presentaste a la gorda?
-Ahí viene lo gracioso. Se presentó solita: Hola, mi nombre es Mariana Alejandra del Águila Flórez Galimberti, soy estudiante de derecho y ciencias políticas, soy miembro del círculo de estudios Pensamiento Andino, también pertenezco al Rottary club, que, como sabrás, es una rama de la masonería, se podría decir que soy la primera mujer masona del Cusco.
-No jodas, estás exagerando
-En serio, le recitó todo su perfil de facebook, ladeando la cabeza de un lado a otro mientras mencionaba sus intereses: Alfabetización. Proyección Social. Gestión cultural. Ayuda a comunidades. Asesoría legal gratuita. Desarrollo sostenible. Comercio Justo.

Le pasó el cigarrillo y el otro le dio una pitada mirando lo último de luz de sol y se lo devolvió.

-La gorda aguantó con estoicidad todo ese monologo oenegero de grupie pretenciosa mientras yo le agarraba el culo a palma extendida, y se dejaba y le toqué la espalda por debajo de la ropa y, también, se dejaba. Y la gorda que lo miraba todo y se reía con la más mefistofélica de las risas.
-¿Y no te la cargaste?
-Lo pensé, pero estaba insoportable. Para mi, la vulgaridad en una mujer es lo más antierótico del mundo.
-No te acompaño en ese pensamiento.
-De ti no se puede esperar nada porque te gustan las vedettes.
-Ya. Me gustan, por una parte me arrechan y por otra parte quisiera investigarlas como en un proyecto de antropología sexual.
-Arranca nomás. La cosa es así: todo en el universo confabula para que te guste la flaquita, blanquita, bonita y pituquita. Por más que te hagas el pata de mente abierta, el niño Raúl de Natacha.
-Pero Natacha era…
-Te estoy hablando de la vida real. O sea, todo en nuestro tiempo te dice que te tiene que gustar la flaquita, blanquita, bonita y pituquita. Y te termina gustando ¿o no?
-Es cierto. Pero que tiene que ver eso
-Tienes la flaquita, blanquita, bonita y pituquita, y tu vieja te felicita, tus patas se mueren de envidia, y las otras chicas por fin te encuentran ese no se qué. Pero.
-Siempre hay un pero.
-Y aquí volvemos a Marianita, que es…
-Ya sé: flaquita, blanquita, bonita y pituquita.
-Sí, pero es más chusca la cojuda. La escucho hablar y algo se jode. Y eso no es todo, estas cojudas tienen toda la plata del mundo y se escogen los zapatos más feos del mundo, las carteras más chillonas, es como si entraran a la tienda y pidieran que les traigan la ropa más cara y vulgar.
-Yo que tú, me metía más trago e igual se la metía
-No puedo.
-Viéndolo bien, es como una maldición: Chicas que vienen de familias que se hicieron de apellido y de escudo de armas en base a la explotación de indios adquieren hábitos montunos.
-Ya te salió el comunista. La cagas

Se ven sus sombras a la luz de un auto. Es de noche y en la calle no están prendidos los postes de luz.

-A la tercera cojudez que dijo, le saque la mano del culo, le di la espalda y seguí conversando con la gorda, que, como veras, cuando se fue, no la extrañó para nada.
-¿Y después?
-La madrugada
-¿Y nada más?
-Con la madrugada basta. Para qué más.

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